El Socorro de Dios para sus hijos

Salmos 121.1 – 8

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová,Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre.

Cuántas veces hemos querido correr, escapar, de una situación difícil que se nos ha presentado; y de repente nos hemos dado cuenta de que no hay salida, que no hay una forma de podernos librar y nuestro ser desfallece, se desconsuela, porque hemos perdido toda la esperanza. Dios en su infinito amor por la humanidad, ha querido ser nuestra puerta, nuestra salida, nuestra entrada; nuestra ruta de escape, nuestra liberación.  Dios es nuestro pronto auxilio en las tribulaciones y nos ha consolado en la angustia, en la enfermedad, en la persecución y en tantas otras cosas más.

 

El rey David, era un hombre sujeto a pasiones al igual que nosotros, sin embargo fue un varón conforme al corazón de Dios y no solo merecía en sí mismo el respeto y la consideración de tal aseveración; sino también nuestra comprensión, pues como seres humanos, todos estamos expuestos a fallar y nadie puede escapar de su humanidad, mientras permanece en esta tierra; el apóstol Pablo lo expresaba diciendo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7.24  Ciertamente son muchas cosas las que se enfrentan con el cuerpo, entre ellas: Las tentaciones, las enfermedades, las pasiones, etc.

 

Afligido el rey David, porque lo buscaban para quitarle la vida, se angustió hasta la muerte misma y huyó cuanto pudo, pues no quería enfrentar al ungido del Señor, pues a él le parecía como luchar contra Dios. Cuando uno está en problemas, espera que la familia lo comprenda, que cometió un error en la sociedad y debe pagarlo como tal; pero espera que su familia lo tome en cuenta, que lo ayude si puede y que le den ánimos para no ser consumido de demasiada tristeza; como aquél varón de los corintios que había estado en pecado, pero que dando muestras de un arrepentimiento genuino y verdadero, fue perdonado por Dios y por la iglesia; el apóstol Pablo aconseja a la iglesia y le dice: “Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos;  así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él”. 2 Corintios 2.6 – 8

 

El salmista exclama: Alzaré mis ojos a los montes, y pregunta ¿De dónde vendrá mi socorro? Y comprendió que no vendría de parte de su familia, porque no estaban allí, o aunque hubiesen estado posiblemente no lo podrían ayudar; y sabiamente continuó diciendo: ¡Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra! Esta es una convicción de que el único que nunca falla es Dios y a su misericordia nos debemos acobijar todo el tiempo; recordando que el que habita al abrigo del altísimo, morará bajo la sombra del omnipotente (DIOS); Él también nos ha dicho: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.  Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;  Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza”. Salmos 46.1 – 3

 

Dios no permitirá el mal en sus hijos, si ellos se apartaren de los malos caminos, no dará su pie al resbaladero, ni se va a dormir el que guarda nuestras almas. Ciertamente el que vive con Dios, podrá vivir confiadamente pues el Señor le pastoreará siempre por las sendas de justicia; y por temer su nombre, un día, ¡nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá la salvación y la vida eterna! De tal manera que también al igual que el salmista pueda expresar estas palabras: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. Salmos 4.8

 

En la vida siempre vamos a enfrentar grandes problemas, dificultades, tentaciones o pruebas que posiblemente nos llevarán hasta el límite de nuestras capacidades, pero debemos de confiar en Dios siempre, que él se encargará de socorrernos, pues,  él es nuestro oportuno socorro. “Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” Hebreos 2.16 – 18

 

Quiera Dios bendecirle grandemente su vida, le invitamos a que tome esa gran decisión de servirle, de honrarle y de confiar en él su vida. Obedezca al Señor Jesucristo hoy! Mañana podría ser demasiado tarde!

 

Le invitamos a que se congregue con nosotros en las IGLESIAS DE CRISTO de su comunidad, adore a Dios juntamente con nosotros y aprenda a vivir el amor de Dios en su vida y sea de bendición para su hogar.

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