Buscando a Dios

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 El ser humano siempre ha buscado algo, o alguien a quien adorar o rendirle tributo de reverencia; lo ha intentado con la naturaleza, con los árboles frondosos, con las piedras, con los animales de toda clase o género, con otros seres humanos semejantes a él; también con la luna, el sol, las estrellas, con grandes edificios o construcciones que han llegado a ser famosas con el pasar del tiempo. 

¡Le parece increíble verdad! Pero así es; el ser humano siempre ha tenido la necesidad de reconocer la existencia de un ser superior que tenga el control de todas las cosas; y aun sin conocerle, trata de agradarle y servirle, por medio de tradiciones, costumbres y leyes que el hombre crea para sí mismo, dándose placer a sí mismo en las cosas que hace o dice.  Véase Éxodo 32.8;  Jueces. 2.12 – 13;    1 Reyes 9.9;  11.33, Ezequiel 8.16; Deuteronomio 12.2, 3;  Ap. 9.20 

Con lo anterior se puede decir que la mayoría de personas buscan a Dios para satisfacer una necesidad personal; es decir que lo hacen únicamente porque tratan de agradarse a sí mismos. 

Pero se ha preguntado usted si Dios se complace en que sus criaturas le busquen cada una a su manera! ¿No cree que haríamos bien en examinar lo que expresa su voluntad por medio de la Biblia? El apóstol Pablo, estando en la ciudad de Atenas en Grecia, se lamentaba de observar la ciudad entregada a la idolatría, miraba con tristeza como las gentes se entregaban a toda clase de adoración a lo que ellos llamaban “dioses”, literalmente encontramos en la Biblia las siguientes palabras:

“Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio” Hechos 17.22 – 23

En las sociedades modernas ocurre algo parecido, la gente adora sin conocer o sin saber, eso ciertamente hace a las personas religiosas, pero nada más que eso; es decir las personas hacen algo, dicen algo o piensan algo y lo llevan a cabo por inercia, ya sea porque lo hace toda la gente, porque creen que cuando todos lo hacen es porque es correcto, sin cuestionar nada acerca de las repercusiones que pueda tener tal acción en sus vidas. Sin embargo Dios ha sido anunciado desde los tiempos antiguos, si bien su existencia ha sido cuestionada por muchos hombres de ciencia, que creen tener el poder en su mano y el conocimiento a su diestra. Dios se ha manifestado por medio de las cosas creadas, dando testimonio de sí mismo por medio de las cosas hechas.

“Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” Romanos 1.19 – 20

El ser humano busca a Dios desesperadamente, sobre todo cuando se encuentra angustiado por las diversas circunstancias de la vida; pero de no encontrarse en esta condición, prefiere vivir como si Dios no existiera, o bien tomarlo como un último recurso, es decir, por si todo lo demás falla, ¡Dios me queda! 

En la búsqueda de Dios, los seres humanos se inventan una infinidad de cosas, desde formas o diseños de las representaciones de Dios; hasta sistemas bien sofisticados de adoración, que no riñan con las costumbres o las tradiciones de los pueblos; es decir adaptan la adoración para que ésta agrade a los hombres, antes que a Dios. Y se imaginan que Dios puede ser cualquier cosa, desde un objeto sencillo de la casa, hasta un árbol, o una piedra o cosa semejante; ¿Le interesaría saber lo que la Biblia enseña al respecto? Veamos que nos dice:

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres” Hechos 17. 24 – 29

Dios desde los tiempos antiguos afirmó sus leyes para que el pueblo alcanzase la bendición mediante las Sagradas Escrituras, mostrándose desde el principio fiel a sí mismo y a su creación. Por otra parte, la idolatría ha sido uno de los pecados que ha estado presente, casi en todas las generaciones, en todos los pueblos y sus culturas; hoy día la idolatría ha alcanzado niveles tal vez jamás imaginados, aún por el hombre mismo. Pues la gente busca a Dios, por medio de casi cualquier cosa, pero como dice el apóstol Pablo, no debemos pensar que la divinidad sea semejante a cualquier cosa existente en la tierra. De entre los mandamientos dados por Dios en la montaña, encontramos la prohibición de hacer imágenes, con el fin de tributarles culto o rendirles cualquier acto de veneración; literalmente lo encontramos así:

“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” Éxodo 20.3 – 5

Los días de Dios son muchos, de hecho son eternos; nosotros por otra parte, somos como pasajeros en este mundo, dependemos de Dios en nuestra totalidad, pero, ¿Si no le creemos? ¿Estaremos bien? ¿Si le buscamos incorrectamente? ¿Estaremos bien? Hasta ahora Dios nos ha mostrado el camino excelente que debemos seguir, no importa en qué lugar del mundo nos encontremos, sabemos de la existencia de un solo Dios, que es el creador de todo y que si le buscamos de todo corazón le hallaremos, porque como dice la Escritura, Él no está lejos de cada uno de nosotros, porque en él vivimos, en él nos movemos, en él somos y existimos. Lo menos que podemos hacer, es dar reverencia a su palabra en nosotros y pedir que se cumpla en nosotros su voluntad.

En la búsqueda de Dios, el ser humano ha tropezado con varias barreras que le impiden acercarse al verdadero trono de la gracia: Las tradiciones, las costumbres y demás, que varían  de un país a otro, de una región a otra, le han dado al mundo ese matiz religioso que hoy día vemos por todos lados. En nuestros tiempos, en esta segunda década en el año dos mil trece, es común escuchar a pseudocristianos decir que antes era de un modo, pero que hoy es de otro modo, refiriéndose a la forma de buscar a Dios; significa para ellos que lo que antes era considerado como pecado, ahora ya no lo es; a veces suena hasta inaudito, pero así es. La gente siempre ha querido acercarse a Dios pero quiere ver con sus ojos algo que le estimule la mente a creer, a respetar y a obedecer a una deidad. Previendo esto, Dios nos da una gran lección cuando Jesucristo sostiene una conversación con una mujer samaritana, quien es aconsejada por el mismo Señor Jesucristo, a buscar a Dios, desde el corazón; esto es lo que leemos:

Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.  Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.  Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.  Juan 4.19 – 24

Esa necesidad del ser humano de querer ver algo, un objeto, una representación; para adorar, ha sido una obsesión en las distintas sociedades y culturas que hoy llenan la tierra; aun sabiendo que no es la voluntad de Dios, insisten en querer adorar a su manera. Las fiestas idolátricas, llamadas también fiestas patronales, añaden algunos ingredientes a la idolatría que se vive en la mayoría de los pueblos del mundo; llenas de colorido, humor, diversión, sexo, drogas, alcohol, etc. La gente vive despreocupada de que hay un futuro, que hay un más allá; que hay una esperanza, pero solo en el Dios vivo y verdadero puede abrirles los ojos del alma para que consideren cual sea el buen camino y que caminen por él; sin embargo estamos conscientes que es Dios a través de su Espíritu Santo que convence al mundo de pecado, y le manda que se arrepienta porque hay gran necesidad de estar completamente seguros del premio eterno, del galardón celestial que Dios ha prometido por medio de Jesucristo.

juan225

Salúdense los unos a los otros con un beso santo, les saludan todas las Iglesias De Cristo. Romanos 16.16

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