Preparándonos para vivir en otro hogar

preparandonos para vivir en otro hogar

INTRODUCCIÓN: Muchas personas en el mundo no tienen hogar, no tienen residencia fija, ya sea porque carecen de recursos u otras veces porque los han perdido a causa de las guerras o de la delincuencia. El hogar es el lugar deseado para ir a descansar, es el espacio donde Dios nos permite reposar de nuestros trabajos y fatigas; el mismo Jesús hace referencia a esto cuando dijo: “Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” Mateo 8.20 él no mintió al respecto pues la relación con sus hermanos y hermanas no era muy buena en Nazaret. Así como el cuerpo se cansa día a día y necesita ir a reposar y tener un lugar seguro y cómodo; así también al final de la vida cuando el ser humano ya no puede ser sostenido por su cuerpo, y el alma debe salir de él; ella necesita un hogar al cual ir a descansar; el Señor Jesús lo dijo de la siguiente manera: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11.28 – 29

 La aflicción nos permite prepararnos para nuestro nuevo hogar.

Cuando las aflicciones llegan a nuestras vidas como producto de las enfermedades o de las deudas u otras circunstancias, en medio de estas cosas, Jesús nos invita a tener confianza y nos pide que no se turbe nuestro corazón, que si creemos en Dios, que le creamos también a él, que ha ido a preparar lugar, donde hay muchas moradas, muchas habitaciones dispuestas para todos sus hijos e hijas, es un hogar espiritual; Jesús sabe que en el mundo tendremos aflicciones y que muchas de las veces ellas nos desesperan a tal grado de que se ve en peligro nuestra esperanza de la fe en el Señor. La preparación para irnos a ese hogar celestial pasa por este tipo de circunstancias, conlleva la aceptación de que un día dejaremos el cuerpo mortal, para unirnos a todos los santos, junto a Dios para siempre.

Veamos, leamos y escuchemos algunas cosas que nos dijo el maestro en Juan 16.

5 Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? 6 Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. 7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 16 Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. 19 Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? 20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21 La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22 También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. 23 En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. 28  Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

¡Hagamos junto a Jesús!

La oración de Jesús por sus seguidores (discípulos) Juan 17.

Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; más éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos”

Esperamos que este mensaje haya sido de bendición para su vida, ahora sabe que hay alguien que pagó un alto precio por usted y por mí y que lo menos que podemos hacer es motivarnos a obedecer, a permanecer firmes y salvos; a ser felices o dichosos en Dios e invitar a nuestros o nuestras,  amigos y amigas a recibir a Jesús como su salvador y a permanecer  en la iglesia.

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