Lección 1 LA VIDA SIN CRISTO

¿Es usted salvo? No hay nada más importante que ser salvo.  La comida, el agua, la ropa y la vivienda son importantes, pero sólo son cosas pasajeras. La salvación, en cambio, es eterna.

¿POR QUE DIOS NOS DIO EL EVANGELIO?

Dios nos dio el evangelio porque necesitamos la salvación. La palabra “evangelio” significa, literalmente, “buenas nuevas”. Son las mejores nuevas que hay en el mundo, que podemos ser salvos. Es difícil salvar a una persona que no cree que está perdido, ¿verdad? Antes de que cualquiera de nosotros busque las cosas maravillosas que ofrece el evangelio con respecto a nuestra salvación, debe estar convencido de que es un pecador perdido. El primer sermón evangelístico (buenas nuevas), que fuera predicado, se halla en el libro de Hechos 2:14-40. En este sermón se les dijo a los que oían que ellos eran pecadores, y culpables de la crucifixión de Jesús. Escucha su respuesta: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). 

¿Por qué hicieron tal pregunta? Era porque se consideraron a sí mismos pecadores. Se dieron cuenta de que estaban culpables y perdidos, y por eso querían descubrir lo que debían hacer para quitarse de encima el pecado y ser salvos.  

Ni usted ni yo ni nadie podría preguntar nunca, “¿qué debo hacer?”, hasta que no se considera así mismo pecador y necesitado de la salvación. Cuando admitimos nuestro pecado, entonces estamos dispuestos a emprender las instrucciones de Dios de cómo ser salvo y cómo asegurar que él nos ha salvado.  

El pecado es una cosa terrible. Nos separa de Dios. Déle, pues, seria atención a este estudio, aplicándolo a su propia vida.

¿QUE ES PECADO?

Todo aquél que comete pecado, infringe también la ley, pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4), Usted puede ver, por medio de esta escritura, que el pecado es algo que se opone a la ley de Dios. En otras palabras, todo aquello que se oponga a las enseñanzas del evangelio (el Nuevo Testamento) es pecado. He aquí la manera de cómo lo dice Juan: “Toda injusticia es pecado” (1 Juan 5:17). Hay tres modos diferentes de cómo podemos pecar.

Primero, pecamos al hacer lo que la palabra de Dios claramente prohíbe. Cosas tales como, fornicación, adulterio, borrachera, idolatría, mentira, robo, asesinato, odio y codicia. Los siguientes pasajes enumeran algunas de las cosas que debemos evitar: Mateo 15:19; 1 Corintios 6:9,10; Gálatas 5:19-21; Efesios 4:25-31; 5:3,4; 2; Timoteo 3:2-4; 1 Juan 3:15.

Segundo, pecamos al no hacer lo bueno. No sólo pecamos al entregarnos a las cosas antes mencionadas, sino también al dejar de hacer lo bueno cuando indiscutiblemente tenemos que ponerlo en practica. En otras palabras, Dios no solamente quiere que nos abstengamos del mal, sino que también desea que hagamos lo bueno. Santiago dice: “Y el que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).

Tercero, pecamos cuando llevamos una actitud incorrecta. El Nuevo Testamento no sólo censura los actos externos, sino también las cualidades internas como el corazón, los motivos, las intenciones y los deseos. Considera los pasajes tales como Mateo 5:21-22, 27-28 y Marcos 7:21.

¿CUAL ES EL ORIGEN DEL PECADO?

El pecado empezó con Satanás. Juan dice: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Por esta razón aquéllos que viven una vida de pecado son considerados como si fueran hijos del diablo (Juan 8:44; 1 Juan 3:10).

Satán está siempre tratando de conducirnos al pecado (Juan 13:2; Hechos 5:3). El hace esto por medio de la tentación (1 Corintios 7:5; 1 Tesalonicenses 3:5). La tentación excita nuestros naturales deseos de la carne (Santiago 1:14; 1 Juan 2:15-17).

¿ES PECADO SER TENTADO?

No. Solo somos culpables de pecado cuando le damos paso a la tentación (Santiago 1:12,15). Hasta Jesús fue tentado, pero no pecó (Hebreos 4:15; Mateo 4:1-11). El hecho de que Adán y Eva fueran tentados por lo que el diablo les pusiera delante no los convirtió en pecadores. El pecado aconteció cuando cedieron a la tentación y quebrantaron, de esa manera, la ley de Dios. Lo mismo ocurre con nosotros. Dios no nos considera pecadores porque seamos tentados. Llegamos a ser culpables de pecado sólo cuando nos dejamos dominar por la tentación y ofrecemos resistencia a la ley de Dios.

¿CUANTOS HAN PECADO?

Toda persona responsable por sus actos ha pecado. Ninguno de nosotros tiene derecho de afirmar: “¡No soy culpable!” Pablo dice: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Después, en el mismo capítulo añade: “por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Puesto que todos hemos pecado, y la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23), debemos de buscar todo nuestro apoyo en la gracia de Dios, si es que deseamos ser salvos. Esta gracia se mantiene al alcance de todos. Pablo afirma que somos “justificados (perdonados) gratuitamente por su gracia, mediante la redención (salvación) que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24).

No podemos esperar la salvación como resultado de nuestra buena conducta o buenas obras. Somos pecadores. No hay ninguna diferencia si hemos pecado poco o mucho, pues de cualquier modo hemos quebrantado la ley de Dios. Debemos admitir nuestra culpabilidad y buscar el perdón de acuerdo con el plan de Dios. Las “buenas nuevas” consisten en que Dios ha provisto un medio, y que podemos ser salvos.

¿CUAL ES EL RESULTADO DEL PECADO?

Observamos los efectos y resultados del pecado por todas partes: familias divididas, cárceles, guerra, gente infeliz. Sin Cristo los hombres son miserables. La Biblia habla ampliamente acerca de la condición de quién vive en el pecado: se le considera espiritualmente enfermo (Mateo 9:12); perdido (Lucas 19: 10); hijo del diablo (Juan 8:44); esclavo del pecado (Romanos 6:16); morador de las tinieblas (Colosenses 1:13; 1 Pedro 2:9; 1 Juan 2:11).

El resultado final del pecado es la muerte. La Biblia habla de dos clases de muerte: física y espiritual. La muerte física es resultado del pecado de Adán; no de nuestros propios pecados personales. Toda la gente, no importa su condición espiritual, tiene que sufrir la muerte física. Pero la liberación de la muerte física también le llegará a toda la gente, a pesar de su condición espiritual. Esta liberación vendrá por medio de la resurrección. “Pues por cuanto la muerte vino por un hombre, por un hombre también la resurrección de los muertos. Porque como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (Corintios 15:21,22). “No os maravilléis de esto: porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán: los que hayan hecho lo bueno, a resurrección de vida, y los que hayan practicado lo malo, a resurrección de juicio ” (Juan 5:28,29).

¿TENGO QUE RESPONDER POR EL PECADO DE ADÁN?

Nosotros no tenemos responsabilidad por lo que hizo Adán. Dios no nos hace responsables por los pecados de los demás, sino únicamente por nuestra propia y personal desobediencia a su ley (2 Corintios 5:10). “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). La muerte espiritual es el resultado de nuestros pecados. La Biblia la llama “la segunda muerte”. “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:8).

UNA MUERTE HORRIBLE

Esta horrible muerte consiste en que el pecador vivirá eternamente separado de Dios y de Cristo. Esto impide que la persona que viva en el pecado vaya al cielo. Jesús les dijo a los que rehusaron dejar el camino del error: “Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy vosotros no podéis venir” (Juan 8:21). Estos “sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor…” (2 Tesalonicenses 1:9). Este será el resultado final de la vida del pecador. (Lea Romanos 6:23 y Santiago 1:15).

¿SERA CIERTO EL INFIERNO?

El infierno es real. Es el horrible lugar adonde “será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:42). El horror aumenta porque los que irán ahí” serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 20:10). Otros pasajes que debieran estudiarse son: Mateo 23:33; 25:46; Marcos 9:43-48; Lucas 12:5; 13:25-28; 1 Corintios 6:9; Gálatas 5:21; Efesios 5:5; Hebreos 10:27-31; Apocalipsis 21:27; 22:14,15.

Dios no quiere que ninguno de nosotros vaya al infierno. El infierno “fue preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). Sólo cuando alguien prefiere entregarle su vida a Satanás y no a Dios, será condenado al infierno. La voluntad de Dios es que nadie se pierda (2 Pedro 3:9). A esto se debe el porqué él nos ha provisto la manera de escapar de la condenación del pecado. El nos ofrece un plan de escape, el cual estudiaremos en nuestra próxima lección.

Tenemos libre albedrío. Esto quiere decir que poseemos la facultad de escoger el camino que conduce al infierno, o el que lleva al cielo. Dios no nos obliga a elegir el camino de salvación (Juan 5:40). Pero nos invita y nos concede la oportunidad de llegarnos a él si así lo queremos (Apocalipsis 22:17).

¿VIVE USTED EN PECADO?

Si así fuera, esperamos que este estudio, después de mostrarle las terribles consecuencias del pecado, lo haya hecho tomar la decisión de buscar la ayuda de Dios. En nuestra siguiente lección consideraremos la manera de escape que Dios ofrece por medio de Cristo.

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