Comparando los hombres con los árboles

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Marcos 8.22 – 25

Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.

En La Biblia existen algunas curiosidades y ésta es una de ellas; un hombre que estaba siendo sanado de la vista, veía a los hombres como árboles que caminan; pero después cuando fue restablecido de su salud, pudo ver claramente y desde lejos.

Jesús muchas veces comparó a los hombres con los árboles, dejándonos enseñanzas muy provechosas para nuestras vidas; Jesús dice que los árboles se conocen por su fruto, dándonos a entender que las personas buenas o que practican la bondad, producen bondad para las demás personas, pero que las personas malas, maquinan maldades y se sumergen en su mundo lleno de iniquidad. En el evangelio de Mateo leemos: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7.16 – 20 compárese Lucas 6.44

Las enseñanzas de Jesús, alcanzan hasta la intimidad del ser humano, cuando es trastocado por alguna situación de la vida, y entonces se manifiesta lo que realmente es, por ejemplo, ¿Cómo reacciona una persona cuando le ofenden?, acaso sufre el agravio, o responde mal por mal, aduciendo que no se puede dejar… Jesús quiso comparar a los árboles con los humanos, porque así como en los árboles hay frutos ácidos y otros amargos, así también hay frutos dulces y agradables que satisfacen la necesidad humana de alimentarse. Cuando una persona, produce malos frutos, es porque en su esencia no practica para bien ninguno de los dones de Dios, que modelan el carácter de la persona. ¡La persona puede fingir! Sin duda que sí… pero es, al probar el fruto que se da cuenta de lo que es en realidad.

Una comparación severa, es la que hace el escritor de la epístola de Judas, al referirse a los malos ministros de la iglesia y de cómo se conducen en la iglesia del Señor; lo cual leemos de la siguiente manera: “Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas”. Judas 1.10 – 13

Para aquellos que en su corazón decidan obedecer la voluntad de Dios, y dejar el camino de la maldad el Señor Jesucristo les ofrece dar a comer del árbol de la vida de Dios, aquél árbol que él plantó en el medio del huerto de Edén, para dar vida a todo aquél que se haga merecedor de la gracia de Dios.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida,(A) el cual está en medio del paraíso de Dios”. Apocalipsis 2.7 

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