La enseñanza y la vida cristiana

TEXTO CLAVE: “a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.” (Colosenses 1.27 – 29)

 

CONCEPTO CLAVE: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28.20

OBJETIVOS EDUCATIVOS: Al finalizar la clase las hermanas y los hermanos podrán:

  1. Reconocer el significado de la enseñanza y su importancia en la vida del creyente fiel.
  2. Describir y comprender que la enseñanza es necesaria para mantenernos salvados para siempre por Cristo.
  3. Identificar la enseñanza como un principio fundamental de la doctrina cristiana que nos ayuda a tener paz con todos.
  4. Agradecer a Dios por darnos la oportunidad de aprender y permanecer hasta el final.

 

Introducción

Cumpliendo las instrucciones de Jesús, entre los apóstoles, Pablo escribió:

“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2ª Timoteo_2.2) “Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué” (1ª Corintios_11.2)

Ellos y otros se involucraron en la enseñanza de la doctrina de Dios. Hoy día, tenemos que aceptar el reto para desarrollar las habilidades y actitudes que son necesarios para comunicar en verdad la Palabra de Dios para que los que nos escuchan puedan entender, conocer y crecer. En esto radica la importancia de la enseñanza o instrucción; porque en la medida que nos ayudamos, crecemos en la plenitud de aquél en quien fuimos llamados.

Es necesaria la enseñanza o instrucción por parte de los líderes o grupos de lideresas que conozcan la doctrina, que se vuelvan seres idóneos, para transmitir las enseñanzas de Dios, esto porque, la iglesia tiene grupos de todas las edades: ancianos, adultos, jóvenes, y niños; quizás debimos comenzar por los niños; que es la etapa más delicada para la enseñanza; porque esta se convertirá en un principio que regirá toda su vida.

Es de hacer notar que dentro de estos grupos, que conforman la iglesia; hay algunos que pueden leer; otros no pueden. Y casi siempre hay antecedentes muy diversos en la congregación: Experiencias, educación, trabajo, riqueza, y pobreza. Decimos esto, porque no todos los miembros tienen el mismo nivel académico, ni el mismo tipo de empleo o trabajo, y eso delimita también su condición económica. Hay grandes diferencias entre grupos culturalmente hablando, a veces hay palabras que no se pueden entender; y es necesario explicar; un ejemplo de esto nos lo muestra el siguiente acontecimiento:

“Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? Él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él” (Hechos_8.29 – 31).

Existe la necesidad de educar, de enseñar a la iglesia para que todos seamos llenos de la sabiduría de Dios:

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses_ 1:9-10)

¿Cómo van a crecer en el Señor Jesucristo los miembros de su cuerpo? Sin duda alguna por medio de la enseñanza, educándonos y adquiriendo conocimiento cada vez mejor. Sabiendo que todos  necesitan crecer en El (Cristo). La educación cristiana no es nada menos que enseñar cómo vivir la vida cristiana. Todos y cada uno necesitan la dirección de Dios.

Este pasaje nos habla de cuatro pasos para crecer espiritualmente:

  1. Conocer la voluntad de Dios: consiste de conocimiento, sabiduría, y entendimiento espiritual
  2. Portarse como deben los que son del Señor
  3. Dar fruto de toda clase de buenas obras
  4. Conocer mejor a Dios

Hay que reconocer que no se va a lograr mucho si no hay un compromiso para seguir el plan de Dios y lograr las metas. La meta básica tiene que ser cambiar vidas y salvarlas.

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1ª Timoteo_2.3 – 4)

CUANDO JESÚS ENSEÑABA

Jesús era un maestro sumamente bueno. Usaba las cosas alrededor de sí mismo para ilustrar sus lecciones: las flores, el trigo, las ovejas, etc. Llamaba la atención de sus oyentes por usar estos ejemplos tomados de la vida diaria. Esto ayudó a la gente a entender en vez de hacerle más difícil. El tiene que servir como nuestro ejemplo aún en su manera de enseñar, porque era un maestro superior. ¿Aceptaremos el reto?

¿En verdad la gente (hermanos y oyentes) aprende cuando les trato de enseñar?

(Por medio de sermones, clases, etc.) ¿Hago un esfuerzo para preparar bien mis “enseñanzas”?

  1. ¿Uso una variedad de métodos: ayudas visuales, lecciones basadas en objetos, etc.?
  2. ¿Paso tiempo suficiente en la preparación de mis clases?
  3. Al terminar, ¿tiene la gente en mente la idea básica de qué quería enseñar? o ¿está confundida?

LA EDUCACIÓN CRISTIANA DE LOS NIÑOS

(GÉNESIS 18:19; EFESIOS 6:4)

“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él” (Génesis_18.19)

“Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios_6.4)

Para Dios, la educación de los niños en las “cosas de Dios” siempre ha sido muy importante; como leemos en los textos anteriores. Véase además:  Deuteronomio  6:4-9; 2 Tim. 3:15

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Deuteronomio_6.4 – 9)

“Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2ª Timoteo_3.15)

Hay muchos padres que no cumplen con su deber, a pesar de la importancia que Dios da a la educación cristiana de los hijos de uno, hay muchos padres que no proveen tal educación o instrucción a sus hijos.

  1. Porque los padres no son cristianos.
  2. Porque a los padres no les importa
  3. Porque los padres no saben mucho para enseñar a sus hijos

Los niños aprenden primeramente en el hogar así como era entre los judíos. La educación de los niños para los cristianos del primer siglo parece haber sido principalmente la responsabilidad de los padres. (Ef. 6:4; 2 Tim. 3:15) un ejemplo o testimonio es que los padres enseñan a sus hijos por sus propios ejemplos. Cuando se muestra en el hogar que la palabra y voluntad de Dios tienen mucha importancia, los hijos crecen dando igual importancia a ellas.

También cuando los niños participan en los cultos o reuniones familiares; un tiempo especial cada semana cuando toda la familia pasa de una a tres horas estudiando juntos la palabra de Dios (incluyendo la alabanza y oración).

Si eso no es posible, un tiempo breve (15-30 minutos) cada día es suficiente para enfocar  unos versículos; y dedicarse a la oración; otra forma son las historias bíblicas audiovisuales  en dispositivos electrónicos, que sustituyan a los juegos de violencia tradicionales. Aprovechar todo lo que permita hablarles acerca de Dios; por ejemplo, mencionar, al caminar afuera, las cosas creadas por Dios y orar con ellos.

En la medida que el maestro de escuela bíblica ayuda a los padres a afianzar los principios espirituales en los niños, se ayuda a si mismo y a su clase. Haga reuniones periódicas con los padres de familia que tienen niños en la escuela bíblica. En la medida que su clase se vuelva participativa, con niños y de vez en cuando con padres de familia, permitirá que el amor de Dios se afiance en ellos para siempre; y en una sociedad convulsionada, lo que necesitamos es personas temerosas de Dios.

La educación cristiana de los niños siempre ha sido muy importante a Dios. Debemos buscar todas las maneras posibles para educar a los niños en la palabra de Dios. Como líderes en las congregaciones, debemos dudar que los padres estén enseñando a sus hijos en las “cosas de Dios”. Así cualquier instrucción que reciben los niños en sus hogares, será añadida a la que damos en la escuela bíblica. Como padres de familia, debemos reconocer nuestra obligación de enseñar a nuestros hijos de Dios, su palabra, y su voluntad. Nunca debemos entregar esta responsabilidad completamente a las manos de los maestros en la escuela bíblica.

IDEAS PARA CLASES BIBLICAS DE ADULTOS

“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (HEBREOS_5.11 – 14)

No debemos olvidar que el propósito final es fortalecer el cuerpo de Cristo que es la iglesia, de nuestro Señor Jesucristo; quien organizo bien su cuerpo en la tierra para que éste pudiera crecer y coordinarse. Esto lo podemos mirar en el pensamiento y sentimiento expresado en el siguiente mensaje.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (Efesios 4.11 – 16)

No hay duda de que Dios se ha provisto y siempre se proveerá de un pueblo que le busque le honre y le ame y le sirva. ¿quiere usted ser parte de él?

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