Grandes mujeres en La Biblia (Parte III)

 

TEXTO CLAVE:Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. (Génesis_2.18)

CONCEPTO CLAVE: Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón[b] fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne (Génesis_2.21 – 24)

 OBJETIVOS EDUCATIVOS: Al finalizar la clase las hermanas y los hermanos podrán:

  1. Reconocer e identificar que la mujer fue creada como ayuda idónea para el varón y dar continuidad a la raza humana.
  2. Describir y comprender que la mujer juega un rol determinante en la formación y conformación de las nuevas almas que vienen al mundo y su influencia social y principios de fe determinarán el destino de su estirpe.
  3. Identificar las mujeres que lucharon por permanecer siempre en la voluntad de Dios conforme a su disposición y las que no.
  4. Agradecer a Dios por poner siempre en nuestro corazón el deseo de someternos a su voluntad y no traspasarla.

 

ELISABET

“Y he aquí que tu parienta Elisabet, también ella ha concebido un hijo en su vejez; y ya está de seis meses, la que era llamada estéril.” Lucas 1:36 Léase Lucas 1. A Elisabet le cabe el honor de ser la primera mujer que confesó a Cristo en la carne, incluso antes que María. Cuando María, después que hubo concebido por el Espíritu, fue a visitar a Elisabet, esta exclamó en oración profética: “¿De dónde a mí esto, que la madre de mi Señor venga a mí?” (v. 43). Por medio de esta inesperada e indudable confesión Elisabet reforzó la fe de María en el hecho de que ella, sin la menor duda, llevaba al Salvador del mundo en su seno.

 

HADASA – ESTER

Mardoqueo «Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana; y la joven era de hermosa figura y de buen parecer. Cuando su padre y su madre murieron, Mardoqueo la adoptó como hija suya.» (Ester 2:7).

Léase: Ester 2. Ester es la última mujer del Antiguo Testamento de la cual conocemos bastante para hacer un perfil de la misma. Encontramos en su carácter y conducta puntos dignos de elogio, pero también otros que lo son menos. Digamos en primer lugar que, como dice el versículo, era muy hermosa. Tenía que serlo, pues el rey Asuero había ordenado que su imperio fuera buscado para encontrar las mujeres más hermosas, y que éstas fueran traídas a Susa. Entre tanta belleza Ester fue considerada superior. Asuero se sintió cautivado por ella y la eligió para sustituir a la reina Vasti.

Como cualidades de carácter encontramos dos que son agradables. Primero es su afecto por Mardoqueo, su padre adoptivo y segundo su decisión y valor al oponerse a Amán. Hay muchas personas que cuando emergen de la oscuridad a posiciones de autoridad y favor no se acuerdan más, o fingen no acordarse de las personas con quienes se habían frecuentado antes, incluso de sus deudos y familiares. No podemos decir esto de Ester.

Su valor es indudable. Arriesgó su vida al aparecer ante Asuero sin ser llamada: «Si perezco que perezca», resuena todavía como una demostración de su valor. Sus acciones fueron decisivas, realizadas con mucho tacto. Era una persona de carácter.

Entre los rasgos menos dignos de alabanza hay la impresión que produce su conducta de que vaciló bastante antes de decidir presentarse al rey (véase capítulo 4). Mardoqueo tuvo que usar lenguaje bastante enérgico para convencerla: «No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4.13 – 14) Y especialmente la conmovió esta última parte del mensaje: «Quién sabe si para una ocasión como ésta has llegado a ser reina»

Puede mencionarse también el hecho de que aceptara la proposición de Asuero de hacerla reina con evidente alegría. No hay duda que el que una hija de Abraham se casara con un potentado pagano era una flagrante violación de las órdenes de Dios. En otras palabras, si su conciencia la hubiera acusado de un acto reprobable, podría haber procurado no causar tan buena impresión en el rey.

También es reprobable el que se dejara llevar por el deseo de venganza, o sea, que una vez había conseguido el decreto que permitió a los judíos matar a quinientos hombres en Susa que se oponían a ellos; entre ellos a los diez hijos de Amán (aparte del mismo Amán) no considerara que ya había bastante. Todavía le pidió al rey un día más de venganza (trescientos hombres murieron en esta nueva matanza), y que se dejara colgando de la horca a los diez hijos de Amán. Esto es reprobable.

Los planes de Amán eran para la eliminación de todo el pueblo judío, Ester incluida, si fuera posible, pero Ester no mostró clemencia. Véase (Ester_9.12 – 13)

 

LOIDA Y EUNICE

“Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2ª  Timoteo 1:5)

LEASE 2ª  TIMOTEO 1. En la familia de Timoteo reinaba la tradición cristiana. Conocemos nombres en tres generaciones. Detrás de Timoteo está Eunice, y detrás de ésta, Loida. Los tres manifiestan una «fe no fingida», que ha pasado de uno a otro. La fe no es impartida por los padres sino que procede de Dios. Pero Dios se complace en permitir que su bendición se acreciente en las sucesivas generaciones, imprimiendo el valor de lo que permanece y el conocimiento de ser llamado, dentro de la familia, para glorificar el nombre del Señor.

Ni Loida ni Eunice podían haberse imaginado que Timoteo iba a ser llamado a un lugar de tanta prominencia en la Iglesia de Cristo. A Pablo esta especie de nubilidad espiritual, que va de una generación a otra, como israelita, le parece especialmente hermosa. Se goza al contemplarla. Pero nos habla de ello por algo más: quiere llamar nuestra atención a lo realizado por la madre, la forma en que Dios la usó, a ella y a Loida, para inspirar la fe ferviente y real en Timoteo.

 

EVA, LA MADRE DE TODOS

“Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” 1ª   Timoteo 2:13, 14.

Léase: 1a Timoteo 2:9- 15. Eva significa “madre de vida”, o sea, “madre de todos los que tienen vida”. Eva personifica todo lo femenino en la raza humana. En ella hay escondido, como en un grano o semilla, toda la gracia e independencia de una mujer, su susceptibilidad a Satán, pero también su susceptibilidad a la fe. Adán personificaba todo lo masculino, y en general lo humano.

El mundo se burla hoy de la “costilla de Adán”, pero gracias a este relato, el creyente más sencillo de la Iglesia de Dios entiende la relación entre los hombres y las mujeres mucho mejor que el más profundo filósofo, que medita sobre él a base de sus prejuicios personales.

Eva fue creada de Adán. Adán tiene que ser considerado como el origen y fondo del cual ella apareció. Pero esto no significa que Adán la hizo. Aunque ella procedió de él, fue Dios quien la creó. Por esta razón, ella también, antes de aparecer sobre la tierra, existía en el pensamiento de Dios. Dios la vio, y porque la vio la creó. Eva es el producto de esta creación divina.

Eva nunca fue un niña o una hija o una joven. En el instante de la creación estaba delante de Adán en el Paraíso, resplandeciente y en plena madurez femenina. Era una mujer completa, cuyas perfecciones no eran debidas a la cultura o la tradición, sino que era el producto de la creación divina. La mujer no tiene, pues, por qué quejarse de no ser un hombre, porque ella, como él, es el resultado de la actividad divina. El pensamiento de Dios está expresado en su ser femenino. Es verdad que Adán existió primero. El fue su cabeza y la raíz de que procedió ella. Pero Adán no era viable sin ella. Estaba en necesidad, y ella era la ayuda que necesitaba. Dios la creó como una ayuda para él. En realidad, la ayuda y sostén debe ser mutuo.

Satán vio inmediatamente que Adán podía ser seducido más fácilmente a través de Eva. Satán reconoció su amabilidad y gracia, pero también su fragilidad natural. Se dio cuenta que podía ser tentada. “Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión”, dice el apóstol Pablo. La mujer representa la gracia humana en alto grado. Lo bello en la naturaleza le entusiasma más que al hombre. Su sensibilidad es más viva e impresionable por lo concreto y lo atractivo. No es, instintivamente, menos santa o más pecadora. Pero era más susceptible a la tentación, porque estaba constitucionalmente menos adaptada para ofrecer resistencia que él. Pero no transgredió sola, sino que arrastró a Adán, con ella, al pecado. En vez de perderla a ella en manos de Satán, Adán se dejó atraer a él por causa de ella. La transgresión de Eva consiste esencialmente en “el pecado con el cual hizo que Adán pecara”.

Debido a él, la felicidad de Eva duró muy poco. Resbaló en su primer paso. Adán no le extendió la mano para resguardarla, sino que se dejó arrastrar con ella. Ahora tenía que abandonar este magnífico Paraíso para entrar en un mundo de abrojos y cardos. La angustia que precede el dar a luz a los hijos afectó su ser gravemente. Perdió la confianza en sí misma que Dios le había dado. Ahora estaría sujeta al dominio de otro.

No sabemos cuánto tiempo vivió Eva, pero es probable que viviera centenares de años. Sus días tienen que haber sido tediosos y cansinos, ocasionalmente llenos de dolor. Había sido gloriosa un tiempo y había vivido, durante un corto período solamente en la hermosura del Paraíso. El verse echada en un mundo en el que nada había sido provisto para la mujer tiene que haber sido un contraste terrible. Eva fue apartada de su heredad. Su plenitud femenina fue completamente devastada.

Sin embargo, en lo profundo del alma de esta mujer, Dios sembró la semilla de una fe gloriosa, y por medio de ella permitió de nuevo que se levantara delante de ella un cielo. La simiente de esta mujer tentada había de quebrantar la cabeza del tentador. Eva concentró toda su alma en esa promesa. De hecho, cuando nació Cain de ella, supuso que este hijo era ya la simiente prometida y exclamó: “Por voluntad de Jehová he adquirido varón.” ¡Pobre Eva! La desilusión que siguió a esta esperanza, cuando después de los años la tierra absorbió la sangre de Abel, tuvo que ser muy amarga.

No obstante, después de siglos. Los ángeles de Dios reconocieron la simiente de esta mujer en el Hijo de María. El Hijo de María era también el hijo de Eva. Nuestro privilegio consiste en que podamos reconocer a este Niño de Belén en su cuna. Entonces, quizá renuentes pero con una clara esperanza podemos recordar a Eva. Pensando en ella, en el Niño y en nosotros podemos decir la “Madre de todos”.

 

EVODIA Y SÍNTIQUE

“Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor” Filipenses 4.2

Léase Filipenses 4. Las mujeres hicieron un gran papel en la introducción del Cristianismo en el mundo pagano. Pablo, desde el comienzo de sus cartas a sus últimas palabras de despedida, nos da nombres de mujeres, que tenían gran influencia en la vida de la Iglesia. En Roma solamente hay Febe, de Cencrea, María «la cual ha trabajado mucho por nosotros», Trifena y Trifosa «las cuales trabajan en el Señor»; vimos a Persida, que merece un comentario similar y Julia, una hermana de Nereo. Vimos especialmente a Priscila en varios puntos. A Lidia. Y aquí se nos mencionan a dos mujeres de influencia, Evodia y Sintique, de las cuales Pablo dice también que «han combatido conmigo juntamente en el evangelio, con Clemente y otros colaboradores».

Las dos serían de los primeros convertidos de Filipos, cuando Pablo llegó a la ciudad. Se ofrecieron a ayudar a Pablo, de modo evidentemente eficaz. No ya una llamarada de entusiasmo, sino trabajo persistente, tenaz, difícil, perseverando en sus esfuerzos para establecer la iglesia de Filipos.

 

HERODÍAS

“Ella salió y le dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella contestó: La cabeza de Juan el Bautista”. (Marcos 6:24)

Léase Marcos 6:14-21. Herodías era de Edom, descendiente de Esaú. Herodías era en realidad la mujer del hermano de Herodes, Felipe, un príncipe, pero que había sido desheredado por su padre. Felipe y Herodías vivían en Roma. Como resultado de una visita de Herodes a Roma durante la cual se hospedó en casa de su hermano, Felipe se vio privado de su esposa. Herodías le abandonó para irse con Herodes. Pero, Herodes también era casado con una princesa de Arabia, lo cual era otro obstáculo al matrimonio de los dos.

Herodes rechazó a su esposa. Herodías entró en el palacio como reina. Sólo un hombre se atrevió a protestar públicamente de toda esta inmoralidad: Juan el Bautista. Herodes lo mandó encerrar y es de suponer que, por temor a mal quistarse con el pueblo prefirió dejarlo en vida. Herodes era capaz de cualquier crimen, pero era taimado y probablemente supersticioso. No le cabía duda que Juan era un profeta.

Herodías no tenía escrúpulos y sabía perfectamente que su peor enemigo era Juan el Bautista. En tanto el viviera su situación como favorita estaba en peligro. Siempre cabía la posibilidad de que Juan influyera en Herodes de modo desfavorable para ella.

La ambición de Herodías carecía de límites. Lo mismo su orgullo. Habría urdido toda clase de planes para librarse de Juan. Juan fue degollado.Herodías era para Herodes algo semejante a lo que Jezabel era para Acab. En ambos casos la mujer tenía aún menos escrúpulos que el marido. Jezabel odiaba a Elías; Herodías a Juan. Sólo el final de la historia es distinto. Jezabel pereció sin consumar su venganza sobre Elías. Juan sucumbió en manos de Herodías. El corazón de una mujer decidida al mal no se queda atrás respecto al corazón de un hombre. Cuando se entrega al pecado, pasa a ser un instrumento de Satanás con no menos perfidia y bajeza.

 

JEZABEL

«A la verdad, ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel, su mujer, lo incitaba». 1° Reyes 21:25.

Léase: 1º Reyes 21.  A los ojos de Jesús, Sidón y Tiro fueron calibradas como equivalentes a Sodoma y Gomorra. Eran ciudades dedicadas al comercio, ricas y prósperas, centros de vicio y de impiedad. Jezabel procedía de Sidón. Era una princesa, la hija del rey de Sidón. Ya se puede comprender su reacción, acostumbrada a una vida licenciosa y refinada, cuando se trasladó a un ambiente rural, Jezreel, ciudad en que la vida era simple y austera en comparación, donde se hacían esfuerzos para vivir al servicio de Jehová.

La religión judía no era pura. Jeroboam había vuelto a organizar el servicio al becerro de oro pero también había el culto a Jehová. Samaria era intolerable para Jezabel, tal como era. Por ello, al ver que Acab, su marido, era un hombre sin carácter, ni voluntad, decidió tomar las cosas bajo mano. Sustituyó poco a poco el culto de Jehová por el culto a Baal. Suprimió el primero, simplemente, eliminando a los profetas. Y con ello empezó la lucha a muerte entre Elías y Jezabel. Jezabel era la que instigaba el mal que Acab permitía.

Aparecieron templos a Baal por todas partes, con sacerdotes vestidos en preciosos atuendos. Banquetes, festividades, y el pueblo seguía ávidamente todos estos festejos. Entretanto, el culto de Jehová quedó prácticamente suprimido. Los profetas fueron asesinados. Elías tuvo que huir, y no creía que hubiera en Israel ningún hombre que no hubiera doblado su rodilla ante Baal, excepto él mismo.

La lucha inexorable contra Jezabel llevada a cabo por Elías, que culminó con el milagro del Carmelo, es bien conocida y ahora no nos afecta. Pero si podemos decir unas palabras más sobre Jezabel. Era una mujer sin conciencia y sin corazón. Su arrogancia y su sensualidad no conocían límites; habían acallado la voz de su conciencia. Persiguió a muerte sistemáticamente los profetas de Jehová. Puso a muerte a Nabot para apoderarse de su viña, con acusaciones falsas. Y cuando Acab fue herido mortalmente por una flecha y Jehú se dirigió a Jezreel se posó indiferente a la ventana (2° Reyes 9:30) con aires seductores. Jehú ordenó que la echaran ventana abajo.

Jezabel se nos aparece como una mujer repulsiva. Todo su refinamiento sólo le sirvió para comportarse de modo más brutal. Para hundirse más en el pecado. Incluso el malvado Acab queda pálido ante la perversidad de Jezabel. El eterno juicio será sobre ella peor que el que recibió en la tierra: defenestrada, pisoteada por los caballos y comida por los perros. Cuando intentaron sepultarla no hallaron de ella más que los huesos de la calavera, los pies y las palmas de las manos.

 

JOCABED

“Por la fe, Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses”. (Hebreos 11:23).

Léase: Éxodo 2:1-10; 6:20. Jocabed ha sido incluida en Hebreos 11 entre “la gran nube de testigos” cuyas vidas y actividades dieron testimonio de su fe. Era de la tribu de Leví. De Éxodo 6:20 deducimos que sería de mayor edad que su marido Amram, pues era su tía. Un matrimonio así fue prohibido más tarde, pero durante el período de la confusión de Egipto fue permitido.

Era el tiempo en que Faraón ordenó que los hebreos echaran los hijos varones recién nacidos en el Nilo. Jocabed tenía, por lo menos, dos hijos: uno, Miriam o María, ya crecida para este tiempo. Otro, Aarón, un rapaz de tres años. Otra vez queda en cinta. Quizás había orado para no volver a quedar en cinta, a fin de evitar una tragedia. Pero con el hijo en camino, quizá desearía que fuera otra niña. Si fuera un niño no sería posible resistir la orden de darle muerte. No es difícil imaginarse la lucha interna en el corazón de Jocabed durante estos meses de embarazo. Y cuando al fin ha dado a luz la respuesta es: “Sí, es un niño” Pero el dolor maternal transforma a Jocabed en una heroína. Va a luchar por el hijo. Esta decisión fue remachada al ver que el niño “era hermoso” (Éxodo 2:3, Hechos 7:20 y Hebreos 11:23). ¿Hermoso? ¿Que madre no considera que su hijo es hermoso? Pero Hechos 7:20 añade unas palabras que nos dan más luz: “Hermoso a los ojos de Dios.”

Jocabed captó esta hermosura, algo del otro mundo, celestial, resplandeciendo en las facciones del niño. Jocabed pensaría que aquel pequeño ser que descansaba en su regazo había sido enviado directamente por Dios. Era una intuición que adivinaba el propósito divino. La fe se mezcló con el amor, y armada de los dos decidió que tenía que salvar el niño a toda costa.

 

JUDIT Y BASEMAT

“Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo; y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca” Génesis 26:334 – 35

Esaú escogió también dos esposas para sí. Eran Judit y Basemat, las dos doncellas de los heteos, esto es, procedían de familias cananeas, y estaban acostumbradas a las idolatrías con que los habitantes originarios de Canaán provocaron al Señor. El matrimonio de Esaú representa, pues, una ruptura de la fe. Sabía muy bien Esaú que estos matrimonios iban en contra de la vocación que había recibido su pueblo al salir de Ur de los Caldeos hacia Canaán.

Abraham había salido con su familia de Ur, para evitar la idolatría de Mesopotamia, y habían sido enviados a Canaán, donde la idolatría alcanzaba proporciones mucho más escandalosas. Los habitantes de esta hermosa tierra carecían de todo vestigio de temor a Dios. Era algo degradante y que profanaba la confianza que Dios había puesto en la familia el que Esaú quisiera tomar esposas de estas familias malditas. Era inevitable que él mismo se contaminara, y en efecto, fue causa de que la idolatría penetrara en la familia santa.

 

LA REINA DE SABÁ

«La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar» (Mateo 12: 42).

Léase: 1° Reyes 10:1-13; Mateo 12:42. En ninguna parte de la Biblia se nos dice que la reina de Sabá fuera una mujer pagana convertida. En realidad, se nos dice bastante para suponer que no se convirtió. Si se hubiera convertido se nos diría que al entrar en Jerusalén se dirigió al Templo para ofrecer sacrificios al Dios de Israel. En los dos puntos que se nos habla de ella, 1° Reyes 10 o en 2° Crónicas 9 no se dice nada de este hecho. Se nos habla de sus conversaciones con Salomón y de sus visitas a los palacios y la contemplación de sus riquezas… y nada más. Es verdad que al final de su visita dijo: «Bendito Jehová tu Dios, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel.» Pero éstas no son palabras extrañas incluso en la boca de una persona pagana, por el hecho mismo que podía reconocer el Dios de Salomón como uno de tantos. Dice «Jehová tu Dios», lo cual distingue el de Salomón del propio.

Lo mismo Jesús, cuando afirma que «la reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación y la condenará», no hace más que poner otro ejemplo como el de Nínive, que había de hacer lo mismo, o el de Sodoma y Gomorra, que darían testimonio contra la «presente generación», o sea, que eran superiores a ella. La reina de Sabá era una mujer que se interesaba en las cosas. Sus intereses eran múltiples y variados: joyas, vestidos lujosos, y también el cultivo de la mente.

Había oído que había ascendido al trono de Israel un rey de profunda sabiduría, y grandes riquezas. Quiso conocerle. Ella misma había dedicado tiempo a las ciencias y las artes, hasta el punto que podía tener una profunda conversación con el rey: «le expuso todo lo que tenía en su corazón». Y Salomón le correspondió. Pensemos en lo que le costó el viaje suyo y de todo sus séquitos, de tierras lejanas. Pensemos en los dones de piedras preciosas, talentos de oro y especias en grandes cantidades. La reina pensó que conocer a Salomón valía todo esto. Oyó al rey, disfrutó de su conversación con él, satisfizo su curiosidad intelectual y su sentido artístico. Pero nada más.

 

CAMPESINA DE BAHURIM, ESPOSA DE MANOA, HIJA DE FARAÓN, HIJA DE JEFTÉ, MUJER CANANEA (que gritaba tras Jesús), MUJER CON FLUJO DE SANGRE, MUJER DE JEROBOAM, MUJER DE PILATO, MUJER PECADORA, MUJER SAMARITANA, REINA DE SABÁ, REINA VASTI, LA SIRVIENTA JUDIA DE LA MUJER DE NAAMÁN, LA SUEGRA DE PEDRO, LA MUJER SUNAMITA, LA MADRE VERDADERA, LA MUJER VIUDA DE SAREPTA, CRIADAS DE CAIFÁS, LEA, LIDIA, LOIDA, MARÍA DE BETANIA, MARÍA DE JERUSALÉN, MARÍA DE ROMA, MARÍA MAGDALENA, MARÍA (hermana de Moisés), MARÍA (madre de Jesús), MARÍA (madre de Jacobo el menor), MARTA, NOADÍAS, NOEMÍ, ORFA, RAHAB, RAQUEL, REBECA, RIZPA, RODE, RUT, SAFIRA, SALOMÉ, SARA, SÉFORA, SIFRA, PUA, TAMAR.

 

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