El Amor Hacia Los Enemigos

Mateo 5.38 – 48

 Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

INTRODUCCIÓN: Una de las enseñanzas básicas del cristianismo, es el amor hacia toda la humanidad, sin distinción de ningún tipo; es un principio que todo buen cristiano debe tener y debe ser un amor no fingido. Romanos 12.9 – 10: El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.Esto nos indica que debe ser un amor real, no de apariencia, no de palabras bonitas de frente y por la espalda una poderosa daga que traspasa el corazón. Dios ha mostrado su amor para con nosotros la humanidad, de muchas maneras (Romanos 5.8, Juan 3.16) Como nos dice la Biblia, la más importante de las maneras en que Dios ha mostrado su amor por nosotros, es la muerte de su Hijo Jesucristo, para beneficiar a toda la humanidad. Véase Filipenses 2.8 El amor hacia los enemigos debe manifestarse a la manera de Jesucristo; quien los consideró como personas a las que debía amar y perdonar.

UN PROBLEMA DE ACTITUD

En los versículos 38 – 42 leemos: Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

 Aprendemos que la ira del ser humano no obra según la justicia de Dios, además que antes en los tiempos de Moisés el profeta de Dios, había una ley conocida como la ley del Talión, que es a la que hace referencia el Señor Jesucristo en esta enseñanza; en la cual se decía que se tenía que pagar según el daño que se hubiere hecho. Ojo por ojo, pié por pié, quemadura por quemadura, vida por vida. Véase Éxodo 21.12 – 25. Estas eran las leyes sobre actos de violencia, las heridas, el secuestro, etc. El Señor Jesucristo, nos manda algo diferente, aunque es bastante difícil de cumplir, es lo que el Señor demanda de cada uno de nosotros; pues pareciera que el mal triunfa sobre el bien.

De lo que hemos leído, ya en el nuevo pacto de Jesucristo, aprendemos lo siguiente:

  • No resistas al que es malo.                                      
  • Al que te hiera en una mejilla, pon la otra.
  • No atiendas al que quiera ponerte a pleito.
  • Al que quita la túnica, déjale también que se lleve la capa.
  • No rehusar al que quiera llevarse algo tuyo.
  • No responder de la misma manera en que se recibió el daño.
  • Que el pleito y la disensión no deben ser parte de nuestra vida.
  •  

¿Cómo afecta esto la espiritualidad del creyente?

De muchas y variadas maneras, pues no todos somos capaces de cumplir con el evangelio de Cristo.

¡Que es el evangelio de la paz!

EL MANDAMIENTO DEL AMOR

Mateo 5.43 – 48: Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

 La espiritualidad de una persona se pone a prueba cuando se ejecuta en la vida diaria cada uno de los mandamientos de Dios en su santo evangelio. Difícil tarea, pero no imposible, pero no podemos decir que amamos a Dios; pero odiamos y aborrecemos a toda la gente, sea familia, compañeros de labores, jefes, hermanos en la iglesia, ya sea por su forma de ser o porque no hacen lo que usted quisiera que hicieran; no debemos amar únicamente a los que nos aman, porque eso sería incumplir el mandamiento del amor; pues la gente común que no conoce a Dios hace eso. Un dicho común del mundo dice: “Agrado quiere agrado” eso es algo no bíblico; y con el saludo muchas veces (casi siempre) el “Dios le bendiga” solo se le da a los hermanos; pero a los demás no. Eso lo califica el Señor como algo incorrecto de parte nuestra; quiera Dios darnos siempre de su Espíritu, de su carácter, de su compasión, de su amor. Porque Dios no hace acepción de personas, el manda las bendiciones sobre todos, sobre los justos e injustos, sobre los malos y los buenos.

 CONCLUSIÓN Y APLICACIÓN

Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no. Sin embargo debemos esforzarnos cada día por ser mejores.

En Romanos 12.17 – 21 leemos: No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.  Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

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