El Amor de Dios

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Juan 3.16, Romanos 5.8

INTRODUCCIÓN

El amor de Dios a la humanidad, se ha manifestado desde siempre; todo aquél que reconoce en Dios la fuente de toda la bondad, la misericordia, el perdón, la redención y toda una lluvia de bendiciones que vienen incluidas; lo más seguro es que haya sentido en su vida el recibir esos dones, aun sin merecerlo.

Nuestra fuente de información es La Biblia; conocida también como Sagradas Escrituras, en ellas encontramos el testimonio completo de Dios (Juan 5.39) Dios quiso desde el principio manifestar su amor para con la criatura humana, cuando dispuso que en el hombre habitase parte de su esencia como nos dice la Escritura: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” Génesis 2.7

No hay otra criatura que haya sido creada para la cual se haya manifestado tanto amor, de tal manera que Dios puso su esencia de vida en el ser humano; y lo puso como amo y señor de toda la creación; animales enormes de hábitats distintos, climas, etc. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” Génesis 1.26 – 27

EL AMOR DE DIOS SE MANIFIESTA Y SE DEMUESTRA

En los seres humanos, decir que amamos es bien fácil; cumplirlo es otra cosa, pues cuando el apóstol Pablo le escribió a la iglesia en Corinto les decía que el amor tiene ciertas características que humanamente hablando son difíciles, pero que son necesarias para que el verdadero amor sea entendido y practicado; entre esas características podemos mencionar: “es sufrido, no tiene envidia, no es jactancioso, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, no se envanece, nunca deja de ser” Véase 1ª Corintios 13

Todas esas características se manifiestan en el amor que Dios le ha provisto a la humanidad, dándonos todos los dones, comenzando por la vida, y todas las bendiciones que vienen con ella, como son: La familia, el trabajo, el alimento, la paz interna, la consolación y la esperanza; esta última nos muestra que aunque nuestro ser físicamente se vaya gastando día con día, nuestro ser espiritual se renueva y se prepara para su encuentro personal con su creador, porque él quiso aceptarnos como su familia; como sus hijos, a todos los que creyesen en él, a todos los que le recibieron. Véase Juan 1.12. 1ª Juan 3.1

El amor de Dios para con los hombres

Su objeto. Se trata en primer lugar de un grupo colectivo (Deuteronomio 4:37, “Y por cuanto él amó a tus padres, escogió a su descendencia después de ellos, y te sacó de Egipto con su presencia y con su gran poder” Proverbios 8:17, “Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan”), aunque vemos claramente que el individuo comparte con el grupo la estima divina. Solamente en tres pasajes se dice con toda claridad que Dios ama a una persona determinada, y en cada uno de estos casos se trata de reyes (2º Samuel 12:24 y Nehemías 13:26, nos habla de Salomón; Isaías 48:14, Ciro). Quizás aquí la relación especial se deba a que se considera al rey de Israel, en cierto sentido, como hijo de Dios (compárese 2º Samuel 7:14).

Su carácter personal: Como el amor de Dios está firmemente enraizado en el carácter personal de Dios mismo, es más profundo que el de una madre por sus hijos (Isaías 49:15 “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti” Isaías 66:13 “Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo”)

Para con Cristo: La relación entre el Padre y el Hijo es una relación de amor (Juan 3:35; Juan 15:9; Colosenses 1:13). Este amor es correspondido y es mutuo (Juan 14:31; compárese Mateo 11:27). Como este amor es históricamente anterior a la creación (Juan 17:24), se desprende que, aunque los hombres lo han conocido solamente en cuanto ha sido revelado en Jesucristo y en la redención (Romanos 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” ), el amor pertenece a la naturaleza misma de la deidad (Véase 1 Juan 4.8 – 16) y que Jesucristo, que es el amor encarnado y personificado (1ª Juan 3:16), es la revelación de Dios mismo. (“En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos”)

Para con los hombres: para expresar el amor de Dios hacia los hombres. Más bien lo reveló por medio de los innumerables actos de curación a que fue movido por su compasión (Marcos 1:41, Lucas 7:13), de sus enseñanzas sobre la aceptación del pecador por parte de Dios (Lucas 15:11; Lucas 18:10), de su dolor ante la desobediencia humana (Mateo 23:37; Lucas 19:41), y por haber sido él mismo amigo de publicanos y pecadores (Lucas 7:34). En Juan se declara que esta actividad salvífica fue una demostración del amor de Dios, que imparte una eterna realidad de vida a los hombres (Jua_3:16; 1Jn_4:9s). Todo el drama de la redención, que se centra en la muerte de Cristo, es amor divino en acción (Gál_2:20; Rom_5:8; 2Co_5:14).

Al igual que en el Antiguo Testamento, el amor de Dios es selectivo. Su objeto ya no es el antiguo Israel, sino el nuevo, la iglesia (Gálatas 6:16). El amor de Dios y la elección que él mismo hace están íntimamente relacionados, no sólo en Pablo, sino también claramente, por inferencia, en ciertos dichos de Jesús mismo (Mateo 10:5; Mateo 15:24). Aquellos a quienes no alcanza el amor divino, que es dador de vida, son “hijos de ira” (Juan 3:35; Efesios 2:3), y “del diablo” (Jua_8:44). Resulta claro, sin embargo, que la intención de Dios es la salvación de todo el mundo (Mateo 8:5; Mateo 28:19; Romanos 11:25), y que este es el objeto final de su amor (Juan 3:16; Juan 6:51), mediante la predicación del evangelio (Hechos 1:8; 2ª Corintios 5:19). Dios ama a las personas sobre la base del nuevo pacto), aunque la respuesta a ese amor comprende la comunión en el seno del pueblo de Dios.

Dios nos ama y nunca debemos olvidarlo…

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